Al presente no le digas nada. Sólo ámalo, llóralo, súfrelo... vívelo. No le tengas miedo, no te quedes con la duda. No cierres los ojos si no vas a volver a abrirlos. Míralo fijo pero no tanto... Permítete ver más allá, proyecta el futuro, recuerda el pasado. Que te sirva. Que nada te detenga.